Me siento tentada de hacerlo, no aguanto más. Empezó el mundial y, hay que reconocerlo, es imposible no advertirlo. Dejando de lado posturas aburridas de género, e incluso olvidando que algunos aseguran que las mujeres sólo hablamos de idioteces, hoy voy a escribir de fútbol (algo muy serio, sí, sí) .
Vi dos, tres, cuatro, ya perdí la cuenta, pero unos cuantos partidos, desde que empezó la euforia mundialista 06 y ya entendí qué es lo más importante para que te guste el fútbol: TENER UN EQUIPO. Esa es la clave, tenés que estar defendiendo un arco para entender en qué consiste la adrenalina que genera la pelota rodando por el campo.
Esta vez es fácil ser de un equipo, si sos argentino estás de parte de los que llevan camiseta celeste y blanca y en contra de los brasileños, que lideran el ranking del odio local. De ahí en más, el disparador inicial de la pasión se puede poner en funcionamiento apenas el referí pita y da por comenzado el juego.
Después del pitazo (¿se dirá así?), empezás a mirar fijo (en la tele, obvio) cómo la pelota pasa por los botines de tu equipo (te das cuenta que son de distinto color porque sos mujer y esos detalles no se te pasan por alto) o cómo los jugadores de albiceleste pierden la pelota como unos boludos. El adversario es un obstáculo, alguien que en definitiva no existe para el hincha, que sólo mira, admira y detesta (el orden no tiene importancia) a los jugadores de su equipo.
Las reglas del fútbol las aprendés en dos minutos, incluso el orsai (y toda esa tecnología dispuesta a su alrededor). Entendés cuándo cobra falta el referí (cuando la cobra) y te das cuenta del estado de ánimo del equipo al tercer pase.
En pocas palabras, me pregunto llegados a este punto: ¿Cómo puede ser que haya tantos tipos ganándose la vida tan fácil como comentaristas de fútbol? Si Riquelme tiene baches o está marcado y por eso se ausenta del juego; o si Messi es el fenómeno que le hace falta al equipo, fueron los comentarios más profundos del partido Argentina-Serbia y Montenegro. Si Tévez entra por Maxi López o por Sabiola, tampoco es un una ciencia, ¿por quién va a entrar sino? Y así, uno tras otro, esos comentarios van enchastrando la concentración del nuevo hincha, en este caso mujer, que poco a poco se distrae con otras cuestiones más entretenidas.
- Los botines de Sorín son un asco. No da ir de dorado a jugar al fútbol. El dorado lo usa Su y la perdonamos, sólo ella. Pero un minuto después entiendo que le pagan mucha plata por ponérselos y que tienen que notarse. Después, ¿Sorín qué son esos pelos y esa vincha y esas cejas para depilación láser? Vamos por el 06 del siglo XXI. Ya fue.
- Tévez me hace reir y me rio. Me gusta como encara y como va para adelante. Le perdono todo porque me trasmite emociones. Parece un niño.
- A Messi lo odié, hasta que el viernes coronó el partido con ese último golazo, porque los medios dijeron durante toda la semana que no había festejado el triunfo de Argentina contra Costa de Marfil ya que no había jugado ese partido. Noto que sus compañeros lo tratan como a un chico. Le palmean los hombros, hasta le acarician la melenita a dos aguas.
- Pero (y esto para las amigas), confieso que el más lindo del partido era el serbio Milosevic, madurito y experimentado; y que en el juego contra los marfileños me gustó más como corrían los adversarios por toda la cancha y sobre todo Drogba (¿lo tienen?) que los argento.
Casi me parezco a un comentarista. Con un poco más de cancha no me para nadie.
- Eso sí, del partido que jugaron Inglaterra y Trinidad Tobago, sólo recuerdo a Beckham, sobre todo porque hasta ese momento pensaba que era un modelo publicitario. Me sorprendió que jugara al fútbol, incluso, que existiera.
La conclusión hasta hoy sobre el seleccionado es: Tenemos un equipo poco glamoroso, pero efectivo. Puede alegrar a la gente y, lo más importante, hace goles.
Saturday, June 17, 2006
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1 comment:
estaba segura que iba con v corta, pero soy nueva en esto...prometo estar más atenta la próxima vez, en cuanto a que me subo al fútbol en el Mundial es obvio.
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