
“Dame la F, dame la I, dame la D, dame la E, dame la L”..., así comienza “La importancia del llamarse Fidel”, un documental de la realizadora cubana Amanda Chávez y del periodista argentino Marcelo Izquierdo, a punto de estrenarse en Buenos Aires.
Esa secuencia inicial remite al aprendizaje escolar de la lecto-escritura, en Cuba asociado a la figura de Fidel Castro, quien ingresa a la vida y al imaginario de los cubanos desde que dan sus primeros pasos. Pero también, esa secuencia es la lógica sobre la que está montada toda la película: una seguidilla de testimonios de personas comunes entrevistadas a lo largo de varios años en distintos lugares del mundo que sumados se leen como un extenso enunciado colectivo acerca del amor-odio que suscita Fidel.
A partir de allí, esa sintaxis domina todo el documental. “La importancia de llamarse Fidel” es una película montada sobre el sintagma Fidel, que en su evolución, sumatoria y de superposición, termina reflejando de qué modo una sociedad construye significados, que la describen y la desbordan.
Varios semiólogos alertaron sobre la “hipersemanticidad” del Nombre-Propio, sobre la infinita posibilidad de significaciones que puede generar este tipo de signo. Hay tantos que llevan el mismo nombre, pero son tan distintos. En cambio, el documental postula que en el imaginario colectivo hay un solo Fidel en Cuba, Argentina, Italia, Estados Unidos, España, Brasil: Fidel Castro.
Basta decir “Fidel”, o preguntar “¿Conoce a Fidel?”, “¿Quién es Fidel?” para que la gente asocie con Castro y opine sobre él, aún sin estar informada.
Así, la película postula que Fidel ha dejado de ser sólo Nombre-Propio para convertirse en el significante de otra clase de signo, social-ideológico-patriarcal, cuyo significado parece oscilar entre el bien, la revolución cubana, y el mal, esa misma revolución.
En progresión sintáctica y acompañando los apasionados testimonios recogidos por el mundo sobre ese Fidel-público que excede a los cubanos y es signo en varias latitudes, otro Fidel, un hombre común que trabaja de mensajero (cartero para los rioplatenses) reflexiona entre bambalinas sobre el Nombre-Propio que en un gesto de militancia le puso su madre al nacer.
“Me dicen Papito”, dice este Fidel-mensajero, que con ingenuidad y sin malicia sintetiza ante la cámara cómo el hombre común que es logró escapar del peso de llevar semejante Nombre.
El mismo documental incluye un corte sobre los otros nombres con los que se lo conoce a Fidel. Los cubanos entrevistados los mencionan y los explican: el Tipo, María Cristina, el Comandante... Se trata de otras formas de nombrar lo mismo, pero en cada caso esos nombres subrayan, espontáneamente, un rasgo de todas esas significaciones que se acumulan en Fidel. En Argentina ocurrió lo mismo en su momento con Eva Perón, y la cultura popular desborda de ejemplos sobre la infinidad de nombres que puede tener el Lobizón o el diablo en el interior, para citar otros casos.
Fidel es Cuba, es la revolución, el malecón, el habano, la resistencia al bloqueo, el padre. Fidel es Cuba, la disidencia, Miami, la opresión, la obstinación, el padre. Lo que está allí desde siempre, incluso para algunos, lo que siempre estará, afirma esa multitud que opina a lo largo del documental. Pero claro, Fidel también es ‘Papito’, el humilde mensajero cubano al que le hubiera dado igual –según dice- llamarse Camilo...o Ernesto!!!
http://www.ccborges.org.ar/home.html
Estreno: 5/10
Centro Cultural Borges
16 hs.

1 comment:
ES CIERTO QUE HAY NOMBRES QUE QUEDAN CRISTALIZADOS EN UN SUJETO DETERMINADO ,COMO EN EL CASO DE FIDEL.TAMBIEN CONSIDERO QUE TODA POSICION PATERNALISTA, SIEMPRE GENERA,AMBIVALENCIAS(AMOR-ODIO),CONTRADICCIONES Y ANTAGONISMOS;EL AUTORITARISMO Y EL PROTECCIONISMO DE LIDERES QUE ENCARNAN AL PADRE ESTAN EN LA CAUSA.
MUY BUEN ARTICULO SOBRE FIDEL!!!
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